Noche de luz, ruido, pólvora y fuego.

La adrenalina te puede, tienes que mantener la calma, medir, enfocar, disparar…

Los petardos vuelan a tu alrededor, chocan contra tí.

Tienes que proteger la cámara, pero tienes que hacer la foto.

Tienes que meterte en el meollo, pero tienes que protegerte.

Difícil concentrarse.

Un petardo perdido te quema la mano. Casi ni lo sientes, luego vendrá el dolor.

Todo acaba, sólo quedan restos de la batalla.

Y ese olor a pólvora que no te deja dormir…

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